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viernes, 17 de abril de 2015

"El Centro Argentino de Arte Cerámico despide a uno de sus socios fundadores"

Carlos Carlé (1928-2015)

Carlos Carlé nació en Oncativo, Córdoba, el 28 de julio de 1928. Allí, en la fábrica de refractarios de su padre, enfrentó el conocimiento del trabajo con material cerámico al calor de altas temperaturas. Mudado en 1938 a la ciudad capital del país, su vocación artística lo llevó a la formarse, entre otras cosas, en dibujo y escultura.
En la década de 1950 conoció a la ceramista Ana Mercedes Burnichón. Ésta, a quien reconocía como “una maestra extraordinaria”, lo invitó a su taller, espacio en que pudo aproximarse a aspectos experimentales de su arte. Con ella y con Roberto Obarrio conformó el eximio grupo Artesanos, referente inexcusable para una historia de la cerámica en nuestro medio que no deje de recorrer ese momento triunfal del hacer, cuando el dominio virtuoso del oficio permite poner la cerámica en un sitial de paridad con otras artes estimadas “de vanguardia”.
Si atendemos a los aspectos institucionales de nuestro ámbito, tenemos que recordar que, en 1958, Carlé formó parte de aquellos ceramistas que su comunidad votó para conformar el primer Consejo Directivo del Centro Argentino de Arte Cerámico y, rotativamente, presidirlo. Su presencia continuada en la historia de la entidad devela su rol activo en la producción, circulación y reconocimiento de este arte. 
Si retomamos el deseo de despliegue que siempre moviliza lo creativo, debemos apuntar aquí al hablar de Carlé que, aproximadamente medio siglo atrás, viajó a Europa donde pudo mostrar su trabajo en distintas ciudades del viejo continente y, de modo simultáneo, visitar países diversos con tradiciones cerámicas cardinales: Francia, Alemania, Dinamarca, Holanda― en pos de perfeccionar su conocimiento del hacer con especial acento en un material: al gres. En ese periplo, la península itálica tuvo papel protagónico: primeramente, en octubre de 1963, recaló en Vietri sul Mare, ciudad de la costa amalfitana donde trabajó con Vincenzo Solimene, creador de la afamada manufactura que lleva su nombre; más tarde, en el verano septentional de 1966, escogió como lugar de residencia Albissola Marina, un municipio que apenas excede los 3 km2 y no alcanza a reunir 6.000 habitantes, situado allí donde el monte Beigoa se bañan en el mar de Liguria. Ciudad en que la cerámica es notable desde el Cinquecento ―y cada abril realiza un Festival Internazionale della Maiolica―, es un paisaje escogido por muchos otros creadores del siglo XX: igual que Carlé, en Albissola Marina eligieron trabajar y vivir Wifredo Lam ―con quien el ceramista trabó amistad―, Lucio Fontana ―otro argentino que continuó su desarrollo en la península itálica―, Asger Jorn, el pintor del grupo CoBrA de quien pervive allí su casa como museo. Carlé se instaló definitivamente en tierra albissolesa en 1973, donde ha liderado oportunamente su Circolo degli Artisti. Albissola Marina ostenta, desde 2005, su Onda, un largo banco en el cual es posible sentarse a contemplar el mar al abrigo de un sinuoso mural cerámico de 250 m², realizado colaborativamente por Carlos Carlé, Aurelio Caminati y Emanuele Luzzati.
Hasta esta radicación última, Carlé continuó laboralmente enlazado a nuestro país. En 1963, junto a otros treinta ceramistas, representó a la Argentina en la 9° Exposición Internacional de Arte Cerámico organizada en Washington por la Smithsonian Institution, certamen en que nuestra delegación se alzó con tres distinciones por los envíos de Carlé, Eva Ham e Ingeborg Ringer. Otras distinciones relevantes acontecen en 1969: el Mural Blanco que presentó al XII Salón Anual del Centro Argentino de Arte Cerámico le valió el Premio Adquisición otorgado por la Subsecretaría de Estado de Cultura, en tanto su Forma alcanzó en el mismo Salón el Primer Premio de la sección Escultura, otorgado por el Fondo Nacional de las Artes.
Como es posible observar hasta aquí, indócil tarea es proponerse consignar de modo sintético los alcances que Carlos Carlé ha dado a la labor cerámica. En el registro de lo nacional, lo sintetizaremos en unas pocas circunstancias que atestiguan su carácter de referente. En 1972, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto extendió al Centro Argentino de Arte Céramico la invitación del Victoria & Albert Museum de Londres para enviar diez piezas que representen la cerámica actual de nuestro país; invitados los socios del CAAC a presentar sus trabajos, dos piezas de Carlé estuvieron entre las escogidas a tal fin junto a otras ocho de Pablo Edelstein, Nélida Luciani, Ingeborg Ringer, Diego Daniel Montenegro, María Olinhaus y Leo Tavella. Ese mismo año, el CAAC hace un reconocimiento a su labor al mostrar sus trabajo ―y el de Rodolfo Curcio― en calidad de Invitados Especiales de su XV Salón Anual. Por último, en 1973, un Jurado convocado por Subsecretaría de Cultura de la Nación y el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto los escogió como uno de los diez artistas que representarían a nuestro país en la exposición canadiense Ceramic’s ’73.
En la esfera de lo internacional, el desarrollo que ya había alcanzado para entonces el arte de Carlé le abrió las puertas de la Academia Internacional de Cerámica de Ginebra, donde fue recibido como nuevo miembro en 1972. Más reconocimientos ―éstos, ahora, de rango mundial― se suceden en el devenir de la década: entre los de mayor dignidad, el Premio della Reggione Emilia Romagna en la XXXII edición del Concorso Internazionale della Ceramica d’Arte de Faenza en 1974; poco después, en 1976, el Gran Premio de la Bienal Internacional de la Cerámica de Arte de Vallauris.
Entre tanto, su obra recorre el mundo. Por caso, desde 1986 hasta 1989, esto se debe a que el artista formó parte del Encuentro de Ceramistas Contemporáneos de América Latina, un emprendimiento itinerante con origen en el Museo de Ponce, Puerto Rico y meta en Buenos Aires.
En 1991 Carlé obtuvo el máximo galardón de la XXXI edición del Premio Suzarra, un concurso nacido en esa ciudad mantuana en 1948 como un intercambio simbólico entre el trabajo artístico y el trabajo agrícola: tanto los vencedores ―escogidos por un jurado de artistas y agricultores― recibían productos de la tierra a cambio de la adquisición de las obras premiadas para el patrimonio municipal; este certamen hizo posible, en 1974, la creación de una Galería Cívica de Arte Contemporáneo.
Con el final del siglo comienzan a advenir al camino de Carlé los reconocimientos ligados a su ya incontestable calidad de artista señero en general y del quehacer cerámico en particular: en 1997 recibió el Albissola Oscar, un agradecimiento oficial para los artistas cuyo trabajo ha contribuido a la imagen de la ciudad ante el resto del mundo; en 1999, el IV Simposio Internacional de Cerámica del Instituto Municipal de Cerámica de Avellaneda fue convocado “en homenaje y reconocimiento a la trayectoria profesional del ceramista Carlos Carlé”; en 2002, el Estado de Japón lo convoca como miembro del Jurado para evaluar las presentaciones al Festival Internacional de Cerámica de Mino.
Con este recordatorio de una travesía creativa que enorgullece a nuestro país y a nuestro quehacer, el Centro Argentino de Arte Cerámico despide a uno de sus excepcionales miembros de inicio. Con justicia, sus piezas enaltecen más de una treintena de colecciones públicas y privadas a lo largo y lo ancho del mundo; son ellas las que, de modo indubitable, guardarán ―y nos devolverán siempre― la memoria  de un ceramista eficaz.

Centro Argentino de Arte Cerámico
Comisión Directiva

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